Infame, en hebreo y en árabe.

Otro año que termina con una tragedia fresca. Llevamos 4 de 5. Bombardear dos días después de Navidad y aún en pleno Hanukkah la capital oficiosa de un paraestado en el limbo jurídico, que además no tiene fuerza aérea, se dice en español, en árabe y en hebreo de la misma forma, aunque usemos distintas palabras: infamia.

Al menos 280 personas no llegaron a fin de año por cuenta del gobierno kadimista de Israel, que -¿cómo no?- declaró que Hamas los había provocado. En este secular conflicto de raíces y porpociones bíblicas no hay buenos y malos, agrupados en bandos perfectamente reconocibles, eso está claro. Pero lo que abunda son las víctimas, mayoritariamente civiles. Esta vez, a menos de dos semanas del anuncio de que no se renovaría la tregua entre Hamas y el Gobierno de Israel.

Un año exacto antes de esta, la mayor ofensiva en décadas de Israel contra los árabes palestinos, lamentábamos la muerte de la primera mujer gobernante de un país de mayoría musulmana. La intolerancia extremista, y los intereses creados, desde luego, gatillaron -presuntamente- desde el islamismo el asesinato de Benazir Bhutto en Rawalpindi, también un 27 de diciembre.

A finales de diciembre de 2006 empezó el capítulo actual de la Guerra Civil que asola a Somalia -de nuevo con Alá como estandarte- en la que están involucradas también Etiopía y Eritrea. El 30, la imagen del día fue la muerte de Saddam Hussein, convenientemente grabada por un teléfono móvil clandestino. Y para completar la bitácora del fin de mes, el gobierno Zapatero de España decidió oficialmente darle un sábatico al terrorismo vasquista e iniciar las negociaciones con ETA.

Diciembre de 2005 felizmente rompe la cadena de tragedias grandes o momentos de muerte al final del año. La victoria parlamentaria de Chávez y el ascenso al poder de Evo Morales, que está por lograr la escisión de Bolivia, se ponen en otro saco, mucho más opinable.

Y así llegamos hasta 2004, en el que el momento de infelicidad compartida vino del Océano Índico, en forma de tsunami, con casi 275 mil personas muertas o desaparecidas durante unos cuántos minutos del 26 de diciembre.

Justo cuando la inmensa mayoría del mundo occidental celebra los días más importantes del año, nos las ingeniamos para que el dolor cobre su cuota de protagonismo. Creo que visto desde lejos, sirve para ganar sentido de realidad y comprobar que «la posesión plena y estable del bien» -la felicidad, como nos recordó el enlace de ayer– está ligada a nuestra condición humana, y que su plenitud y estabilidad -como todo- tienen infinidad de matices, que poseemos o perdemos, construimos y reconstruimos prácticamente con cada decisión libre. Esa es la buena noticia que cabe ante actos tan indignantes como el de Palestina y tan lamentables como los otros.

«La posesión plena y estable del bien», suena complejo… y esperanzador.

hebrajena_separadorParaíso para controladores.

Publicado por: Francisco Molina M. 28dic08.

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