Los Inocentes, hoy.

Play y lo que prefieran, que hay música e imagen como para llevar:

Salvo que hayamos estado solos, offline, arropados por una sombra de cobertura celular y además lejos de una radio y un televisor, hoy hemos oído alguna inocentada.

Algunas más ingeniosas que otras, cada año hacemos por lo menos la mueca antesala de una sonrisa ante la broma porque hoy es Día de Los Inocentes. Más o menos lo mismo que británicos, estadounidenses, muchos europeos y brasileños durante el siempre saludable 1 de abril.

Pero volvamos a la fiesta de hoy y su origen, con el recuerdo del Rey de Judea de hace más de dos milenios y de un acto que nuestro civilizado sitema actual hubiera calificado como genocidio infantil o infanticidio masivo. Que no se entere Garzón porque manda a exhumar a Herodes para ajusticiarlo en la propia sala de prensa de la Audiencia Nacional. [Y ya que tocamos el “icidio” tampoco me puedo resistir a comentar la moda mediática de llamar femicidio a cada uno de los siempre injustificables crímenes contra las mujeres, cuando el término se refiere al asesinato sistemático y en razón de su género].

Bien, regresemos a Belén, al año cero +/-, que aún no se ponen de acuerdo en los cálculos. Parece que el número de inocentes no fue ni por asomo tan grande como el que aprendimos o nos imaginamos de pequeños. Pero con un solo niño que hubiese sido, es más que suficiente para conmemorar los 28 de diciembre la muerte de aquellos inocentes a raíz de una decisión humana, libre y autónoma. Un asunto por demás vigente y palpitante del hoy y ahora de nuestras sociedades.

Parece un buen día, para que además de darnos una licencia humorística más amplia, celebremos las vidas de todos los inocentes que gozosamente viven entre nosotros y crecen, únicos e irrepetibles, mientras se vuelven independientes. Para que conmemoremos las de los que murieron antes de tener conciencia de sí, los que por una circunstancia inevitable no llegaron a nacer, y las de quienes fueron sistemáticamente eliminados bajo el herodiano y falso paraguas del progreso que apunta Spaemann, o del de los derechos vindicativos de un feminismo poco humanista, y por ello poco femenino, que no hubiesen colado, incluso unos cuantos milenios más atrás, ni como derechos homínidos.

Life, death and renewal, decía la Sra. Fletcher al comienzo. Vida e inocencia, han aparecido varias veces, una mano de palabras grandes como para pensárselas un rato.

hebrajena_separadorFin del mundo.

Publicado por: Francisco Molina M. 28dic08.

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