Strauss Kahn

Strauss KhanSi tras el título esperan -lógicamente además- una entrada sobre el sistema financiero internacional y uno de sus principales actores, siento decirles que nada más lejos.

Con los años, muchos hemos incorporado la costumbre de más de un millón de personas el primer día del año: El Neujahrskonzert. Desde 1939, y tras la batuta de Clemmens Krauss, se fue configurando la tradición que, salvo exepciones, incluye un programa sólo con obras de la familia Strauss. En los últimos años se han sumado piezas de Mozart y otros compositores austríacos, pero la inmensa mayoría sigue siendo música de Johan Strauss hijo, su padre y hermanos.

Lo curioso es que hasta para quienes los valses nos gustan más bien poco -o nada- es un lugar al que se vuelve cada año para disfrutar con cierta nostalgia el bis de la Marcha Radetzky con el que cierra, y renovar el propósito recurrente de Año Nuevo: rastrear con tiempo en qué canal van a retransmitir el próximo.

Pues el año pasado, mientras George Prêtre dirigía más los aplausos del público que su Filarmónica de Viena, apareció en casa un nuevo inquilino. Uno de los tíos que exportó la familia en los setentas llegó con un cachorro de pastor alemán literalmente en brazos. Y apenas en unas horas, el fulano logró disolver desde su caja una barrera de años  entre los MolMun y los perros: esa noche dejó de ser cría y fue ganándose afectos de creatura animal.

El bicho hace entender mucho mejor el impacto de aquella desoladora línea de Pedro Páramo que decía algo así como «allí no había siquiera perro que le moviera la cola» Y confirmar con el tiempo, también otra que repite un conocido «el perro es el animal más tonto de la Creación… porque su mejor amigo es el hombre»

Sea como sea, cuidar de una cosa viva que rae los zapatos, extermina calcetines, enloda las corbatas cuando vamos 10 minutos tarde, abre los grifos del patio a las dos de la mañana porque se siente solo y usa como plastilina 3 sillas de patio y una carreta de jardín metálicas, produce un gusto inimaginable, supongo que más para quien lo descubre «a sus treinta y pocos tacos, igual de flaco, igual de calavera e igual que antes de loco por cantar el blues de la escalera.»

En su descargo he de decir que la primera sonrisa -bostezante aún- que saca ver que dentro de un patio de más de 30 metros cuadrados, el chucho está dormido en una jardinera al pie de la venta de mi cuarto,  es como de final de anuncio de MasterCard. Y sólo un detalle nada más, que como dice Don Leopoldo Abadía, se pone uno demasiado blandurrio en estas fechas (más, digo):

Los perros básicamente ladran y muerden ¿no? Pues es aficionado a cerrar la boca con cualquiera de los huesos de quien le está cambiando el agua, poniendo la comida y demás. Nunca aprieta fuerte, pero a veces se emociona un poco más. Cuando juega a esto es sordo a cualquiera de las onomatopeyas del dolor humano, órdenes, regaños, insultos o súplicas, pero apenas uno imita un gemido canino levanta la cabeza -como si tuviera un calambre- con una cara de sorpresa que podría conmover al más puesto y comienza a lamer al herido al estilo más clásico de los dibujos animados. Esto confirma aún más la razón que lleva aquél con lo tonto que es el animal.

Durante el concierto de 2008 llegó un amigo distinto a cualquiera, porque dependía por completo de lo que se hiciera por él, era más básico que uno y… no teníamos muchos intereses, proyectos e inquietudes afines que se diga. Pero lleva un año dando un seminario continuo de cómo ver más allá de las propias córneas y con otros ojos.

En 2009, felizmente no vi el Concierto de Barenboim. Espero, confío, creo que los nuevos ojos con los que veremos -o nos perderemos- el de 2010 serán como los del que descubre y redescubre, con la autenticidad que transparenta el cachorrito de 40 kilos: el asombro de algo valioso, completamente nuevo y deseable.  Estos 12 meses lo irán desvelando, afinando, validando al fin, y uno de estos días talvez haya noticias de Gurb por otros medios. Lo mejor es que para poder ser el narrador de ese libro, ya tengo dónde anotar.

¡Ah! mi mascota se llama Strauss, y por instinto periodístco lo apellidamos Kahn.

Una respuesta a “Strauss Kahn

  1. Alma Ramirez Hernandez

    Molina!!
    Me encanta que a travez de Strauss se permita”publicar” sus sentimientos!!!-y no es para que se sienta PERSEGUIDO!!!!-.
    Ademas que el Perrazo esta guapisimo!!.
    Alma Ramirez H.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s