El Estado de Desecho.

Hoy está más largo que de costumbre. Tomen sus precauciones.

Las democracias occidentales asentadas sobre la igualdad de los hombres ante la ley, el imperio de esta para crear un orden público ejercido por el pueblo, que elige a sus representantes y autoridades, para integrar tres poderes políticos, que se compensan y contrapesan entre sí, dentro de un sistema jurídico estable es -en principio- la menos mala de las formas de organización estatal.

Toda esa jerigonza configura -junto a otras cuantas cosas- el concepto estado de Derecho. Un deseo político compartido que no se concreta en ningún país, pero del que se puede estar más o menos cerca. En los humanamente más subdesarrollados se convierte sobre todo en un objetivo siempre lejano, una idea para enseñar en las Universidades, una entelequia para pedalear o protestar en los cafés, reuniones… y blogs, y una suerte de silly putty para que los dedicados a la política -no necesariamente políticos- estiren y encojan, falsifiquen y corrompan la razón de ser del Estado, de acuerdo a lo que mejor les convenga o se les antoje.

Como en todo, hay grados y matices permisibles, pero lo del gobierno hondureño raya en el terreno de lo sostenidamente aberrante. Es imposible que un gobierno, por eficaz o bien intencionado que sea, no tenga desaciertos, pero generar suficientes para empedrar  unas cuantas calles de Tegucigalpa preocupa cada vez más. Solo vamos a entrar en el más fresco, que demuestra el desconocimiento supino y por tanto culposo, o la intención dolosa de ponerse una vez más por encima de la ley, dar al traste con las garantías y afianzar un estado de desecho, inseguridad e ilegalidad que deprime más el crecimiento nacional y la iniciativa ciudadana hacia su progreso.

Hace unos minutos acabo de escuchar de viva voz del presidente Zelaya, la noticia del mediodía: ha nombrado a VWX -el nombre es lo de menos- como vicepresidente de la República, en otra ronda del juego de las sillas, que hace cada año, como en las piñatas de la infancia, y con cuya música cambian de despacho los mismos ministros, menos uno o talvez dos ¿Cuál es el problema? pues que cualquier ciudadano que sabe leer y escribir, y tiene el hígado, las ganas y el tiempo de revisar la Constitución, se da cuenta de que esta decisión del Ejecutivo, en los términos en que fue anunciada, es rotundamente inconstitucional.

No es un asunto de interpretación. Las leyes dicen lo que dicen y la única atribución del Presidente que podrían pretextar es el numeral 5 del artículo 245: «Nombrar y separar libremente a los Secretarios y Subsecretarios de Estado, y a los demás funcionarios y empleados cuyo nombramiento no esté atribuido a otras autoridades» En razón de eso ya hay una cantidad de ministros equivalente a casi dos planteles completos de clubes de fútbol profesional. El día menos pensado, los honorables señores porteros de la Presidencial -que deben ser probos funcionarios, seguro- aparecerán en el descansillo del Palacio Del Valle, como Ministros Supernumerarios pro-Tempore de Acceso Presidencial e Interlocución Telefónica.

Pero resulta, que además de la obviedad de que la volátil Vicepresidencia es un cargo de elección directa por el pueblo y por simple mayoría de votos (Art. 236), la misma Constitución dice en el numeral doce del artículo 205, que es atribución del Congreso: «Recibir la promesa constitucional al Presidente y Designados a la Presidencia de la República, declarados electos, y a los demás funcionarios que elija, concederles licencia y admitirles o no su renuncia, y llenar las vacantes en caso de falta absoluta de alguno de ellos» Aunque usaran su silly putty para enmascararle el nombre al cargo, sólo puede haber un Vicepresidente electo y sustituido en la forma que claramente señala la Constitución (para su etérea figura, o la de los Designados).

Buscarle interpretaciones, vericuetos y  contorsiones que esguinzan, luxan y acaban por desmembrar el sistema político de cualquier país, es simple y llanamente fortalecer el estado de desecho que este último trienio ha recorrido distancias insólitas; que en estos 12 meses puede agravarse más; que tiene una profundidad y un relieve desconocidos, y que desgraciadamente vamos a encontrarnos de zopetón, por tarde, en la frontera del primer trimestre de 2010. Es necesario que articulemos soluciones ciudadadanas, porque la autoridad y el poco orden jurídico que teníamos se tomó un cuatrienio sabático y vándalo, cuyas consecuencias debemos prevenir, paliar y solventar cuanto antes.

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